Una vez una profesora de Psicología nos enseñaba que el hombre, en sentido genérico por supuesto, es trino como el misterio mismo de Dios según los Católicos. Decía que Dios es Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espiritu Santo, y que esa trinidad se proyectaba hacia el infinito y que reflejaba como imagen en espejo en el hombre como la criatura principal de su Creación.
Ciertamente el hombre es trino y así lo veían los antiguos griegos y romanos que definían incluso la mente del hombre en tres: psiquis, gnosis y espíritu y cada uno de ellas contenía su propia característica.
El hombre es: cómo se ve así mismo, cómo lo ven, los demás y cómo es en realidad que es un poco de las dos anteriores. El gran logro de una persona, que es llegar al nirvana, o la perfección de su espíritu usando como herramiento su cuerpo imperfecto, es sin duda haber logrado coger esas tres capas e integrarlas haciéndolas una sola.
No creo haber leido en la Biblia frase más impactante a mi conocimiento que la frase que se encuentra en Mateo, Capítulo 5, versículo 48: Sean, pues, ustedes perfectos, como mi Padre del Cielo es perfecto.
Recuerdo tener como unos 14 años cuando leí este versículo y lo hice mientras acompañaba a mi papá fuera de la casa. Estaba esperando en el carro a mi papá y cuando llegó le dije: ¿Papi, se puede ser perfecto?, mi papá no dudó ni un minuto y dijo: ¡NO!, inmediatamente le contesté: pues la Biblia dice que sí y quien lo dice es Jesús, así que estas equivocado. Mi papá sonrió y me contestó: está bien difícil porque a medida que vayas viviendo irás encontrando y conociendo gente muy mala, mala de corazón, que para defenderte de ellos estarás obligada a echar a un lado la perfección que buscas.
En el camino a casa dialogamos largo y tendido del tema porque mi papá siguió ampliando su punto de vista de cómo se deben ver las cosas en la vida. Cuando llegamos a la casa, fuí directamente donde mi mamá que cosía en su cuarto habilitado para ello y le acribillé la misma pregunta. Ella abrió sus enormes ojos y me dijo: ¿de verdad dice eso en la Biblia? Desde ese momento empezó a leer la Biblia y fue como si se abriera un mundo nuevo y desconocido para ella. Su visión la traicionaba y desde ese momento me hizo hacerle buscar la Biblia de letras más grandes que encontrara, y así fue.
Entendí desde ese momento que la clave para lograr esa perfección de la que hablaba Jesús residía en integrar esos tres seres del que despúes hablaba mi profesor de Psicología y que se imponía una rectificación de mis actos, mis palabras y mi manera de ver las cosas. Automejoramiento, en cortas, una autoevaluación constante. Tarea nada fácil. 'Sean, pues perfectos, como mi Padre del cielo es perfecto' se convirtió en una obseción para mi. La defino como la meta final y más importante de cualquier ser humano. Cualesquiera otras metas que busque el ser humano es fácil de obtener pero jamás será lo más importante.
Cada acto que se realiza por nosotros, con nosotros o encontra nuestra, cada palabra que decimos o nos dicen, cada mirada, paso, alimento que comemos, en fin, cada instante de nuestra vida requiere una evaluación. Mi papá tenía razón y habló con certeza cuando me dijo que son elementos ajenos a nosotros mismos los que nos sacan de ese estado de perfección. Cuando descubrí ese impedimento me dí cuenta de que todo, entonces, dependería de cúales espejuelos me pondría para ver cada cosa. Medité que mi papá no era violento hasta que aparecía alguien a sacarlo de sus casillas, ni que no habría cortes ni juzgados si otros no trataran de apropiarse de las cosas ajenas.
Entonces conocí a alguien que me hizo un cuento: Una vez, había un viajero que llegó hasta una villa remota donde se comentaba de un anciano ciego que tenía fama de sabio, que no había pregunta que no pudiera contestar con sensatez. El viajero, incrédulo de las habilidades del viejo, dijo: puedo hacerle una pregunta que no me podrá contestar, llévenme a donde está el viejo y verán que no podrá contestarme la pregunta. Y así lo hicieron.
Por el camino, el hombre atrapó un pequeño pajarito y lo mantuvo en su mano hasta que llegó donde el viejo ciego y sabio y le dijo: Voy a hacerle una pregunta que usted no podrá contestar. El veijo le dijo: todas las preguntas tienen una respuesta.
El viajero, entonces, le dijo: en una de mis manos tengo una pequeña avecilla, ¿está viva o está muerta? El viejo le dijo: ¿Esa es tu gran pregunta? Eso es fácil de contestar: si te digo que el pajarito está muerto, abrirás las manos y lo dejarás volar. Si digo que está viva, apretarás tus manos hasta asfixiarlo y lo mostrarás muerto. Para hacer una cosa u otra, el avecilla debe estar viva, así que está viva y la verdad está en tus manos.
La verdad de cómo lograr la perfección está en nuestras manos.
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