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Sunday, September 25, 2022

Tiempo de vacas flacas

 Dejé de escribir hace unos años porque soy de las víctimas de lo que el Sociólogo Alvin Toffler llamó en los años de 1970's el SHOCK DEL FUTURO.

Quien no haya leido este libro, deberá hacerlo si busca entender de qué se trata esta vorágine social que ha llevado a la involución a tantos países. 

El Shock del Futuro no es otra cosa que la incapacidad para los humanos que les tocara vivir en el nuevo milenio, de ir a la velocidad a la que se imponían los cambios.

Lo empezamos a ver con las computadoras.

Quien compraba una computadora Apple en los '80 y '90, gastándose una pasta y hablo de miles de dólares, se toparía con la realidad que aún le quedaban pagos por hacer y ya la computadora estaba obsoleta, en cuestión de meses.

Una realidad que se podía extrapolar a cantidad de cosas, incluyendo los estudios profesionalea. Obtenías tu diploma en junio y en meses ya tu carrera era obsoleta, pero académicos y academias mantienen esta obsolencia y la venden cara.

De momento, todo lo que tenía capacidad de ajustarse a la velocidad del cambio eran cosas simples, volátiles, insulsas, vulgares, insustanciales o poco trabajadas pero con algún atractivo.

De pronto las artes, especialmente la música, que ha absorbido toda clase de manifestaciones insustanciales y vulgares a niveles imposibles de imaginar. Hablo concretamente del reggaeton o música urbana y todas sus variables. Pura basura. Recoge la ralea de la fibra humana. Ni siquiera debe considerarse música. Es simplemente ruido, pero gusta, y atrae porque aparentemente se utilizan frecuencias específicas de sonido que apelan a ciertas neuronas. Más adelante quiero tratar este tema, porque la gente, especialmente la juventud, confunde el éxito financiero de los exponentes de este género con calidad de arte o con algo bueno. Lo único bueno es el dinero que llega a laa cuentas de los exponentes.

Han pasado 5 años desde que Huracán María azotó Puerto Rico, de donde soy y en donde vivo, así que tengo 5 años de intensas experiencias. 

Huracán María llevó a Puerto Rico de regreso a 1940, con características modernas. Meses sin Internet, telefonía celular, energía elèctrica o servicio de agua, largas filas en supermecados, farmacias, estaciones de servicio, escasez de gasoil y gasolina, servicios de salud vital como diàlisis, que costó la vida de miles de personas que se convirtieron en víctimas indirectas del huracán, cierre en cantidades inesperadas de pequeños negocios que no pudieron hacer frente a la crisis, fue el colapso del avance económico de la ya maltrecha economía en PR que vive dependiente del apoyo congresional US.

El trauma es fuerte y extenso. Ahora se recrea con el paso del Huracán Fiona en el quinto aniverasario del Huracán María, que nos ha demostrado que todo lo que creemos que mejoró es una simple realidad virtual. 

Nos seguimos leyendo...

Sunday, November 08, 2015

Cambio de direccion / Poema

Poema de Lourdes E. Moya
Copyright, 2015

Atardecer


Friday, October 04, 2013

Perdón: espejo de dos vías

Me gusta leer lo que la gente cree sobre el perdón. Resalta siempre lo difícil que es lograr perdonar a alguien que nos ha hecho mal, especialmente si ese mal fue hecho deliveradamente, porque a veces recibimos los efectos de las acciones de otros que no necesariamente son acciones planificadas o dirigidas a nuestra persona.

Me resulta curioso también, ver que la gente piensa en quiénes deben pedirle perdón, porque será que piensan que otros nunca han sido víctima de sus acciones, habladurías, murmuraciones, calumnias o simples rumores. Porque el ser humano es bueno señalando a otros, pero no le gusta ver el reflejo de sus actos.

Otros son más reaccionarios y demandan que los que le deban pedir perdón, lo hagan públicamente, y me pregunto si igualmente estarían dispuestos a hacerlo cuando sean ellos los ofensores.

  Porque la mayoría de los caminos tienen dos vías, la de ida y la de vuelta. Y nos enfocamos en la que trae a otros hasta nosotros, pero raramente somos nosotros los que vamos. También los hay los que siempre van, porque por alguna razón sus egos no están tan encumbrados y pueden vencer las distancias. A otros les cuesta mucho romper el hielo y vencer las distancias.

Hay gente que parece disfrutar hacerle daños a otros. Es como si fuera la única cosa que tienen para dar. Otros son selectivos en las expresiones positivas. Dan y dicen cosas lindas y buenas a quiénes a ellos les parece. 

Mi esposo era un filántropo. Le llenaba y se regocijaba poder ayudar a otros. Lo hacía voluntariamente y sin pesar. A veces le atacaban las dudas sobre si su ayuda era bien utilizada o si llegaba a dónde él deseaba que llegara. Un buen día, invitamos a un amigo sacerdote a cenar y ese día esa  nos duda sobre la filantropía fue aclarada.

Fue simple su razonamiento, nos dijo que la acción de ayudar a otros o de compartir los bienes con otros era buena. Pero debíamos separar el acto de compartir y ayudar a otros con las intenciones que movían a las otras personas  envueltas en esa acción filantrópica. Si se donaban alimentos o dinero a una institución y alguien en esa institución se roba o mal usa ese dinero o ese alimento, eso no era nuestro problema, era problema de quién ejecutaba esa mala acción. Y esa manera de pensar  implica perdón.

Perdón no es necesariamente salir corriendo a abrazar al que nos hace daño. Basta sacarlo de nuestros sistema. Dejar de sentir y crear pensamientos negativos contra quién nos hizo mal. Entender que tenemos que separar nuestras acciones de las acciones de los demás y que respondemos por las nuestras. El que nos hace daño, tiene un problema: hace daño a los demás.

La persona que recibe la acción mala de otra es víctima, no es mala. Malo es aquél que hace daño a otros, especialmente si lo hace a plena consciencia. El que realiza daño a otro de manera insconsciente, si llegado el momento donde se de cuenta de ello, deberá asumir una actitud de integridad y deberá pedir perdón. Hay gente que no puede.



Cuando pedimos perdón reconocemos nuestra humanidad, defectuosa e imperfecta. Nadie es perfecto, excepto los que no piden perdón que viven en la creencia de que poseen una naturaleza perfecta, incapaz de equivocarse. Y como bien decía Madre Teresa de Calcuta, equivocarse, es lo más fácil.

Pedimos perdón de muchas formas. Hay quiénes lo expresan verbalmente, hay quiénes tratan de enmendar las mala acción con una buena acción para establecer un balance, y hay los que utilizan a terceras personas para hacer llegar sus enmiendas. Pero, ¿habrá gente que jamás se autoevalúa para saber si ofendió a alguien o hizo daño a alguien? Yo lo hago porque trato de ser mejor persona.

No tomo para mi comentarios de nadie a menos que digan mi nombre. Y que nadie, nunca jamás, tome para sí ni una palabra ni una acción que salga de mi, a menos que yo le haya enviado la dedicatoria, cosa que haré con nombre y apellido.

A veces escribo cosas, y después me preguntan, ¿por quién escribiste eso?... ¡Pues por nadie! a menos que se lo dedique a alguien. No tengo problemas de ninguna clase haciendo dedicatorias. La mayoría de las cosas que escribo son pensamientos genéricos, buscando convertirme en apoyo de alguien, seguramente desconocido, que pulula en un vacio existencial. Aquél que tome para sí un pensamiento mio, será el mismo que tiene una carga de consciencia conmigo.

No guardo rencores. Hace tiempo me deshice de esa actitud cuando me di cuenta de lo corta que es la vida. Simplemente destierro de mi mete y mi corazón a quiénes no apreciaron mi persona, ni mis acciones ni mi ayuda, o a quiénes abusaron de mi confianza y tolerancia. Simplemente considero que son personas que no me merecen.  No les deseo mal, simplemente lo borro de mi memoria y eso logra que en mi corazón no se genere ningún tipo de sentimiento, de ninguna clase. Pero deberán ser ofensores genuinos.

 Si viviera 500 años pudiera pasar 300 años a dieta o 400 haciendo y deshaciendo lo que me viniera en gana y usaba los restante 100 para pedir perdón a todas mis víctimas. Pero la vida es mucho más corta. 

Mi equipaje debe ser liviano, bien liviano. 



L.E. Moya, copyright 2013



Friday, April 08, 2011

Encierro voluntario en una cápsula de tiempo.

Anoche recibí un correo electrónico de un amigo forista a quien no conozco personalmente, pero quien comparte sus pensamientos, como yo, en diversos foros cibernéticos. Usamos la herramienta disponible para hacernos escuchar de alguna manera en un mundo muy ruidoso donde los megáfonos son juguetes para estudiantes de kindergarten.

Me hizo traer a mi memoria cuando mi profesora de Bibliotecología, Profesora Irma González nos presentó la película-documental El Shock del Futuro basado en el libro del mismo nombre de Alvin Toffler, y el tema no me resultó desconocido. Había leído el libro tiempo antes e inclusive había visto el documental. En aquel momento no sentía el mareo ciberespacial del que trataba de hablar Alvin Toffler, si veía la vertiginosidad con la que el cambio se daba y la incapacidad de muchas personas de asimilar ese cambio a esa velocidad. Pero, ¿de qué cambio estoy hablando? preguntarán muchos que sin preguntarles yo puedo anticipar que tienen menos de 40 años de edad.
El cambio al que me refiero es a la transformación de las ideas, los métodos, la evolución de los estilos para hacer las cosas, los conceptos, los valores sociales y éticos, y muy especialmente la rapidez con la que se ha desarrollado la accesibilidad de la información y el la rapidez y la evolución y transformación constante y sostenida de la electrónica y todo cuando se sostiene de esta tecnología. Steve Jobs, el eje central de la compañía Apple, está muriendo de cáncer a los 54 años y estoy segura de que ni siquiera se ha dado cuenta de la velocidad del cambio. 

Junto con un puñado de personas en todo el mundo ha transformado el acceso a la información. Cuéntese en este puñado a Bill Gates, Steve Wozniak, Mike Markkula, Nolan Bushnell y otros cuyos trabajos se enfocaron en áreas específicas pero que al juntar sus trabajos e integrarlos unos con otros, tenemos la tecnología de la que conocemos hoy 2011 y la que mueve al mundo de manera artificial.
Toda esta vertiginosa evolución se inció a partir de la década de 1970. Antes de este año eran más las historias de ciencia ficción, la imaginación y la especulación que la tecnología tangible. Todavía en ese año, habían series de televisión que anunciaban para antes del año 2000 carros voladores, lo que supone que la velocidad del cambio que se esperaba era todavía mayor. Antes de 1970 tener un televisor en colores daba status social, ahora lo da tener media docena de Lamborghinis, o tal vez tener 1 millón de amigos en Facebook. 

Especialmente si en ese millón de amigos facebookianos se encuentran poderosos políticos, artistas y muy especialmente narcotraficantes que te aseguren el éxito cuando no tienen nada más que ofrecer que no sea un ego inflado de quererte hacer notar aunque no tengas nada positivo que aportar a la historia de esta humanidad.
Ellos estarán ahí para financiar la mediocridad que sea con tal de poder lavar su dinero sucio. Entonces, el ensayo de Eduardo Galeano, Me caí del mundo, es un señal de humo del otro lado del planeta que te da la esperanza de saber que hay otros que también están buscando entender desde su encierro voluntario en una cápsula del tiempo, lo que está pasando afuera. 

Es como si fuéramos entes internos y enajenados conviviendo en un medioambiente extraño e irreconocible, en un mundo en el que apenas hace unas décadas nos resultaba coherente en la evolución de hechos desde nuestros antecesores. No es una simbiosis, nutrirnos de ese mundo actual es casi tóxico. Mejor que vivir, estamos sobreviviendo y buscando la manera de correr sin que la estampida en la que estamos metidos nos atropelle, pero sin perder nuestro paso... tarea difícil. Integrar estos medios electrónicos al diario vivir a vidas de personas mayores de 40 años en 2011 es casi una garantía de sobrevivir una extinción inmisericorde. No hay manera de espetarse en la tierra como un árbol de ceiba y esperar que nos pasen por el lado las cosas sin que perdamos la vida en ello, o al menos la salud. Verdaderamente es una sorpresa abrir una gaveta y encontrar todavía un potecito de cristal con los dientes de leche de nuestros hijos, junto al mechito de pelo del primer recorte. 

Un pensamiento de inseguridad nos da un tiro en la cabeza e inmediatamente nos hace murmurar una oración por nuestros hijos y por nosotros. Que ese mechón de pelo o ese dientito de leche no se convierta en la herramienta de un patólogo para identificar a nuestro crío. Entro de nuevo a mi cápsula del tiempo y me hace feliz que mi padre o mi padre no hubieran tenido la incertidumbre de mi futuro. Me doy cuenta de que contrario a lo que piensa Galeano, no es nuestra generación los últimos guardadores de cosas.
La generación actual quiere también guardar cosas, pero han encontrado la manera de guardar las cosas sin que ocupe mucho espacio. Una imagen basta y apenas ocupa espacio en una secuencia de hilos de aluminio derretidos en un pedazo de plástico llamado chip. Salgo de mi cápsula para ir a pagar el celular, el satélite de televisión, el servicio de Internet y la cuenta de energía eléctrica porque si no tengo electricidad caigo en extinción. La energía que mantiene funcionando el respirador artificial que nos mantiene vivos a todos se llama electricidad. 

Esa es la parte floja de esta evolución, que no hace a los sistemas eternos ni perpetuos. Ese es el talón de Aquiles de la tecnología: la falta de electricidad. Toda esta vida y este mundo cibernético vibra, se mueve, pulula y se nutre de los campos magnéticos de la electricidad.
Desde mi cápsula del tiempo distingo las dos fronteras, la de la vida sin electricidad y la vida electromagnética. Tengo el boleto de entrada a los dos mundos, y la seguridad de que en ambos puedo vivir feliz y sobrevivir por ajuste. No sé si mis hijos pueden decir lo mismo. creo haberlos preparado, pero no es solamente el dogma, se necesita la praxis.



TATITU
Copyright, 2015

Friday, December 10, 2010

Espejuelos para ver la vida

Una vez una profesora de Psicología nos enseñaba que el hombre, en sentido genérico por supuesto, es trino como el misterio mismo de Dios según los Católicos. Decía que Dios es Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espiritu Santo, y que esa trinidad se proyectaba hacia el infinito y que reflejaba como imagen en espejo en el hombre como la criatura principal de su Creación.

Ciertamente el hombre es trino y así lo veían los antiguos griegos y romanos que definían incluso la mente del hombre en tres: psiquis, gnosis y espíritu y cada uno de ellas contenía su propia característica.

El hombre es: cómo se ve así mismo, cómo lo ven, los demás y cómo es en realidad que es un poco de las dos anteriores. El gran logro de una persona, que es llegar al nirvana, o la perfección de su espíritu usando como herramiento su cuerpo imperfecto, es sin duda haber logrado coger esas tres capas e integrarlas haciéndolas una sola.

No creo haber leido en la Biblia frase más impactante a mi conocimiento que la frase que se encuentra en Mateo, Capítulo 5, versículo 48: Sean, pues, ustedes perfectos, como mi Padre del Cielo es perfecto.

Recuerdo tener como unos 14 años cuando leí este versículo y lo hice mientras acompañaba a mi papá fuera de la casa. Estaba esperando en el carro a mi papá y cuando llegó le dije: ¿Papi, se puede ser perfecto?, mi papá no dudó ni un minuto y dijo: ¡NO!, inmediatamente le contesté: pues la Biblia dice que sí y quien lo dice es Jesús, así que estas equivocado. Mi papá sonrió y me contestó: está bien difícil porque a medida que vayas viviendo irás encontrando y conociendo gente muy mala, mala de corazón, que para defenderte de ellos estarás obligada a echar a un lado la perfección que buscas.

En el camino a casa dialogamos largo y tendido del tema porque mi papá siguió ampliando su punto de vista de cómo se deben ver las cosas en la vida. Cuando llegamos a la casa, fuí directamente donde mi mamá que cosía en su cuarto habilitado para ello y le acribillé la misma pregunta. Ella abrió sus enormes ojos y me dijo: ¿de verdad dice eso en la Biblia? Desde ese momento empezó a leer la Biblia y fue como si se abriera un mundo nuevo y desconocido para ella. Su visión la traicionaba y desde ese momento me hizo hacerle buscar la Biblia de letras más grandes que encontrara, y así fue.

Entendí desde ese momento que la clave para lograr esa perfección de la que hablaba Jesús residía en integrar esos tres seres del que despúes hablaba mi profesor de Psicología y que se imponía una rectificación de mis actos, mis palabras y mi manera de ver las cosas. Automejoramiento, en cortas, una autoevaluación constante. Tarea nada fácil. 'Sean, pues perfectos, como mi Padre del cielo es perfecto' se convirtió en una obseción para mi. La defino como la meta final y más importante de cualquier ser humano. Cualesquiera otras metas que busque el ser humano es fácil de obtener pero jamás será lo más importante.

Cada acto que se realiza por nosotros, con nosotros o encontra nuestra, cada palabra que decimos o nos dicen, cada mirada, paso, alimento que comemos, en fin, cada instante de nuestra vida requiere una evaluación. Mi papá tenía razón y habló con certeza cuando me dijo que son elementos ajenos a nosotros mismos los que nos sacan de ese estado de perfección. Cuando descubrí ese impedimento me dí cuenta de que todo, entonces, dependería de cúales espejuelos me pondría para ver cada cosa. Medité que mi papá no era violento hasta que aparecía alguien a sacarlo de sus casillas, ni que no habría cortes ni juzgados si otros no trataran de apropiarse de las cosas ajenas.

Entonces conocí a alguien que me hizo un cuento: Una vez, había un viajero que llegó hasta una villa remota donde se comentaba de un anciano ciego que tenía fama de sabio, que no había pregunta que no pudiera contestar con sensatez. El viajero, incrédulo de las habilidades del viejo, dijo: puedo hacerle una pregunta que no me podrá contestar, llévenme a donde está el viejo y verán que no podrá contestarme la pregunta. Y así lo hicieron.

Por el camino, el hombre atrapó un pequeño pajarito y lo mantuvo en su mano hasta que llegó donde el viejo ciego y sabio y le dijo: Voy a hacerle una pregunta que usted no podrá contestar. El veijo le dijo: todas las preguntas tienen una respuesta.

El viajero, entonces, le dijo: en una de mis manos tengo una pequeña avecilla, ¿está viva o está muerta? El viejo le dijo: ¿Esa es tu gran pregunta? Eso es fácil de contestar: si te digo que el pajarito está muerto, abrirás las manos y lo dejarás volar. Si digo que está viva, apretarás tus manos hasta asfixiarlo y lo mostrarás muerto. Para hacer una cosa u otra, el avecilla debe estar viva, así que está viva y la verdad está en tus manos.

La verdad de cómo lograr la perfección está en nuestras manos.

Friday, May 25, 2007

Noche

Noche que marcas misteriosa,
la historia humana que trasciende,
obligada la penumbra que no miente
tendiendo su capote silenciosa.

Noche que te encimas sigilosa,
sobre la torpe mano que va en busca,
entre las sombras negras y se asusta,
lágrimas del desamor nerviosas.

Una noche fue arrestado entre las sombras,
el que una noche nació en un pesebre,
una noche resucitó de la muerte,
y cada noche, en murmullos lo nombran.

Oscuro el escenario donde ocurren,
los encuentros amorosos más furtivos,
que esconden corazones sensitivos
que de la noche viven y se nutren.

En la noche espera el que acecha,
para cometar la patraña pensada,
ahogado el grito, vil la puñalada,
la noche oculta el alma maltrecha.

No alcanza alumbrar las estrellas,
la tiniebla que al cubrir la tierra,
es la penumbra fría que niebla,
el entendimiento de la luz de ellas.

De noche es que más te extraño,
de noche es que se pierde mi mente,
me tortura sin pena esa boca silente
no distingo sin luz lo que me hace daño.

De noche me dí en desbocado encuentro,
y en la noche despierta el dormido deseo,
siendo la noche quien seduce a Morfeo,
por Morfeo seduce el día al sentimiento.

Noche oscura no me alcanza la luna,
hoyo negro que se chupa mi alegría,
ya no hay diferencia entre noche y el día
si la luz que es tu ser se me fue en fuga.

Sin tiempo

Sin tiempo para amarte,
me pierdo entre las sombras,
distraida en mi mundo, absorta.
pozo seco que no logra saciarte,
peregrina en el espacio, bota,
cerámica sin brillo, rota,
extraviada la pasión de acariciarte.

No me nace el deseo de llamarte,
sabiendo que vendrás apresurado,
creyéndote corazón anehelado,
ignorando el torbellino que parte,
y rompe el corazón apesadumbrado,
mutilo tu espíritu maltratado,
siendo mar, sin que puedas navegarme.

Tiempo que se pierde entre mis dedos,
como agua cristalina de una fiuente
santa la espera de tu cuerpo ardiente,
no merezco tu amor, tu paciencia y tu tiempo

Ya no soy

He dejado de ser yo,
mi alma se ha integrado
y en tu ser se ha consumado
la creación de Dios.

Siendo uno somos dos,
nace en mi gozoza entrega
lo que llaman primavera
que el amor incorporó.

Ya no soy y me confunde,
esta criatura nueva,
que nace de una quimera
aguas que limpian tu alumbre.

Me pienso y no me parezco,
ni me conocen los otros,
no reconozco en sus rostros
metamorfosis de cierto.

Ya no soy, porque te amo,
he dejado de ser yo,
convirtiéndome tu amor
en tu burla o en pecado.

Alborada

Giran en sus ejes aparentes,
dándonos un nuevo aire,
haciéndonos creer que algo nuevo nace,
engañando en apariencia la mente.

No hay nada nuevo, es solo el giro,
que nos sacó de las tinieblas y las sombras,
laberinto donde la cordura se ahoga
y nos anima a vivir más coherentes.

Eclipse momentaneo sin suspiro,
chubasco que me moja la consciencia
del nuevo amanacer que es en esencia,
una nueva razón para seguir vivos.

Que me pasa

Qué me pasa que no entiendo tus caprichos,
que violenta y me condena mi paciencia,
que perturba y altera mi consciencia,
que maltrata y socava mis sentidos.

Qué me pasa, que no entiendo tus ideas,
que surgen de la nada como el aire,
que se mueven como ninfas en un valle,
olas que me arrastra en su marea.

Déjame entenderte que me muero,
que el aliento se me escapa de mi cuerpo
que el oro ya no es oro, es tiempo muerto.
mi tiempo corriendo va a destiempo.

No poseo la eternidad que yo quisiera,
para saberte todo en todo tu,
enciéndeme luciérnaga esa luz
y deja que te viva en mi quimera.

Monday, April 17, 2006

Celebrando la vida

La vida de los seres es frágil.

No importa el ser más fuerte y bravío en el que hayas pensado, su vida puede ser tan frágil como la vida de un recién nacido. Miles circunstancias se tejen cada minuto a nuestro alrededor que delimitarán los alcances de la muerte de nuestro ser y prolongarán nuestra permanencia en este plano.

Amamos a las personas que nos rodean, compartimos las cosas buenas y las mala, reimos, discutimos, viajamos, hablamos, comimos con ellas. Las hicimos parte de nosotros, y sin que haya una conección directa de nuestro organismo con el organismo de esas otras personas, parecemos que no podemos vivir sin ellas. Cuando estamos a distancia pensamos en ellas, sufrimos la nostalgia de no tenerla al lado, miramos las fotos, llamamos por teléfono.

Es una simbiosis invisible, mental, espiritual, material. Es un apegamiento que catalogamos en diferentes niveles: padre, madre, hermanos, amigos, novios, compañeros escolares, vecinos...todos tienen su sitio en nosotros, en nuestra mente, en nuestro corazón, en nuestros sentimientos. Pero es algo de lo que no tenemos consciencia hasta que muere la otra persona.

De pronto bullen en la mente todas las palabras que se hubieran querido decir y no se dijeron, los besos que se quisieron dar y no se dieron, las cosas que se quisieron hacer y no se hicieron. Hacemos una reevaluación inmediata sobre nuestra vida. La mente nos lleva a nuestro catálogo de gente según su importancia para nosotros, y nos decimos a si mismos: "nunca le he dicho a ... cúanto lo amo", nunca le he dicho a...que el pequeño souvenier de cristal que encontró roto, se me cayó de las manos accidentalmente cuando lo miraba con curiosidad; "nunca le he dicho a...que sus palabras son importantes para mi".

Una parte de nosotros se pone mustia, se llena de amargura, de nostalgia, de morriña. Entra la mente en el mundo de los por qués. Esa es la negación.

Nos negamos a creer lo que nos está sucediendo, nos negamos a aceptarlo, a admitirlo. Nos negamos a vivir con ese peso, es entonces cuando echamos mano de lo que deseamos creer a profundidad: que la vida no puede acabar aquí, que debe haber algo más, que debo tener una segunda oportunidad.

He perdido muchas amigos, vecinos, compañeros y compañeras de escuela, parientes , y conocidos. La mente hace un viaje instantáneo por aquéllos momentos vividos, y una sonrisa se forma en nuestros labios y una lágrima se sale de nuestros ojos.

La vida es frágil, efímera, pasajera. Para algunos la muerte de sus amados es un freno en sus actividades. No vale la pena vivir con este afán si lo que consigo no lo puedo compartir con ... Esos fueron los que se inventaron la pena y el luto. Lloro tu pérdida porque la impotencia de evitar tu partida me anula y me conmueve. Se merman las fuerzas y los deseos de querer ser, de querer hacer, porque el peso de la no presencia es mayor que la presecencia de los demás.

Lloramos la muerte en lugar de celebrar la vida.

Nada podemos cambiar nada con el que se ha muerto. La muerte es tan natural como la vida misma, y es parte de la vida misma...la última parte. Es como si del que muere empezaran a brotar ríos caudalosos que nos arrastran sin dejarnos tomar control. En lugar de eso, debemos celebrar la vida. Agradecer a Dios la inmensa oportunidad de haber sido parte de la vida de esa persona y agradecer que esa persona fue parte de la nuestra. Dar gracias por los buenos y malos momentos, porque de ambos se obtiene provecho y sabiduría, respectivamente.

Llorar no es malo. Lloramos al despedir a los amados en los aeropuertos y puertos. Lloramos cuando tenemos una inmensa alegría, o en las bodas. Llorar no es seña exclusiva de debilidad, ni de pena. Puede ser una inmensa alegría por una meta obtenida.

Debemos llorar nuestros muertos. Nada puede cambiarse, ni la realidad de la pérdida, ni los recuerdos que guardamos para nosotros. Los que se han ido, se han marchado de alguna manera, pero siguen en mí.